Pasada la campaña, es habitual quedarse con producto que no salió, y la tentación de malvenderlo todo de golpe es fuerte.
Lo primero: separa lo estacional de lo que no lo es
No todo el stock sobrante pierde valor igual. La decoración navideña y ciertos juguetes muy ligados a la campaña sí conviene mover rápido, porque en once meses valdrán mucho menos o nada. La electrónica, la ropa o los artículos de hogar generales no pierden valor por no haberse vendido en diciembre: se pueden guardar y vender durante el resto del año a precio normal.
Con lo estacional: bajada de precio moderada, no pánico
- Baja el precio un 20-30% las primeras dos semanas de enero, cuando todavía hay compradores buscando ofertas post-Navidad.
- Si sigue sin moverse, plantea lotes (dos o tres artículos juntos) en vez de bajar más el precio unitario.
- Guarda lo que realmente no tenga salida para la campaña del año siguiente, mejor que malvenderlo con pérdidas.
Con lo que no es estacional: paciencia
No hay prisa por vender un producto electrónico o de hogar solo porque se compró pensando en Navidad. Sigue teniendo el mismo valor en febrero o marzo, así que puede quedarse en el catálogo a precio normal sin urgencia.
El error más caro: malvender por prisa
La presión de "quiero liquidarlo todo ya" suele llevar a vender por debajo de lo que el producto realmente vale. Salvo en lo estrictamente estacional, casi siempre compensa más esperar a un comprador que pague el precio justo que soltarlo rápido con pérdidas.



