El tiempo perdido con compradores que no compran es el coste oculto de vender de segunda mano. Estas son las situaciones y qué hacer.
El que regatea desde el primer mensaje
"¿Lo último?" antes de preguntar nada más. Es normal y no es una ofensa: en segunda mano casi todo el mundo lo hace.
Qué hacer: incluye ya un 10-15 % de margen en el precio publicado y ten escrito tu suelo antes de negociar. Cuando llega la pregunta, ofreces una rebaja pequeña y cierras. Si baja de tu suelo, se rechaza sin dramatismo.
El que pregunta sin parar y no compra
Qué hacer: contesta bien dos veces. A la tercera, redirige: "Te he contado todo lo que sé del producto. Si te encaja, dime y lo apartamos". La mayoría o compra o desaparece, y las dos cosas te sirven.
Muchas preguntas se evitan de raíz con cuatro fotos claras y una descripción que incluya medidas, estado y defectos.
El que queda y no aparece
Qué hacer: no reserves sin señal y no rechaces otras ofertas por alguien que "lo quiere seguro". Confirma el día antes con un mensaje corto; el que no contesta, no va a ir.
El que quiere devolverlo después
Qué hacer: si el producto era como lo describiste, no tienes obligación en una venta entre particulares. Si ocultaste un defecto, devuélvele el dinero sin discutir: una valoración mala cuesta más que ese producto.
Un defecto contado baja el precio un poco. Un defecto descubierto al abrir el paquete cuesta la venta, la devolución y la reputación.
El maleducado
Qué hacer: no entrar. Bloquear y seguir. No hay ninguna venta que compense una discusión.
Las tres reglas que evitan casi todo
- Descripción honesta y completa, con defectos incluidos.
- Precio con margen de regateo ya metido.
- Responder rápido. La velocidad convierte más que el precio.
Tienes los tamaños en el catálogo y las cuentas en la calculadora de rentabilidad.


